Hay que ver, parece que fue el otro día que me leí el primer libro de la serie y ya ha pasado mes y medio. Es lo que pasa con los buenos libros, que te queda el sabor en la boca durante días. La lectura de este segundo libro comenzó el 14 de enero y pensé que tendría que retrasar la lectura un día o dos porque aún no había terminado el anterior libro que estaba leyendo (Pasaje al paraíso, de Michael Connelly), pero por suerte lo acabé el mismo día 14, y esa noche ya me puse a ello.
Mientras leía el libro
también estuve viendo los comentarios de los otros participantes en
el desafío y fue por ellos que me fijé en algo que hasta ahora
había pasado por alto. Pese a ser este el segundo libro de la saga,
es aquí cuando las cosas empiezan a concretarse. Esta es ya mi
tercera lectura de la serie, pero para un lector primerizo el primer
libro puede ser un poco confuso, porque no nos dice gran cosa.
Tenemos a nuestro protagonista, Roland, del que no sabemos
prácticamente nada, persiguiendo al Hombre de Negro durante quién
sabe cuánto tiempo, pues es el único que puede decirle cómo llegar
a la Torre Oscura. De la Torre Oscura también se nos habla
vagamente. Solo sabemos que es el nexo de todos los mundos,
realidades y dimensiones y que Roland está obsesionado con llegar a
ella. Ignoramos dónde se encuentra ni el por qué de la obsesión de
Roland (para eso hay que esperar al cuarto libro).
En este segundo libro
la neblina de esa confusión empieza a disiparse y empezamos a
distinguir a lo lejos los esbozos del plan de Roland para culminar
con éxito su misión. Aún queda mucho por delante, pero algo es
algo.
Para proseguir su
búsqueda, Roland debe invocar a tres personas de nuestro mundo que
lo ayudarán en su misión, utilizando tres puertas que se encontrará
a lo largo de la playa donde mantuvo su larga conversación con el
Hombre de Negro al final del libro anterior.
Cada una de esas
puertas lleva al interior de la mente de una de las tres personas que
Roland debe invocar, las tres pertenecientes a Nueva York pero a
diferentes épocas. La primera puerta lleva a Roland al interior de
Eddie Dean, un yonki que en esos momentos viaja en avión rumbo a
Nueva York con un montón de paquetes de coca atados a su cuerpo, que
debe entregar una vez en tierra a un mafioso llamado Balazar. Roland
está gravemente enfermo y necesita medicinas, pero si descubren a
Eddie con la droga encima, éste no podrá ayudarle con las
medicinas, así que antes de nada tendrá que ayudarle a que no lo
pillen, zanjar el intercambio con Balazar, conseguir las medicinas y
traer a Eddie a su mundo, pero las cosas se complicarán bastante por
el camino.
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¡Pica Chica! ¡Duma Chuma! |
La segunda puerta lleva
a Roland al interior de Odetta Holmes, una mujer negra sin piernas
que sufre un desdoblamiento de personalidad. Por un lado es Odetta
Holmes, una mujer buena y amable. Por otro es Detta Walker, una
auténtica psicópata que rezuma odio por todos sus poros. Y ninguna
de ellas es consciente de la existencia de la otra.
Al contrario que pasó
con Eddie, Roland trae a Odetta a su mundo casi de inmediato, pero su
alter ego le ocasionará infinidad de problemas. Mientras que Odetta
cree que Eddie y Roland y ese nuevo mundo en que se encuentra forman
parte de un sueño y que nada es real, Detta, en cambio, tratará de
matarlos porque son unos “blancos hijeputas”, y estos tendrán
que estar alerta en todo momento.
Por último, la tercera
puerta lleva a Roland hasta Jack Mort, un asesino que se dedica a
empujar a la gente bajo coches y trenes. Mort en realidad no es el
tercer miembro del ka-tet de Roland, sino un medio para solucionar el
problema de Odetta/Detta y para llegar a ese tercer miembro,, aunque
para conseguir esto último hay que esperar al siguiente libro.
Bueno, como he dicho
antes esta es mi tercera lectura de la serie, así que tengo muy
presente todo lo que viene después, sobretodo los grandes pistoleros
e que se convierten Eddie y Susannah, por eso me hace gracia ver cómo
eran al principio, Eddie amenazando con matar a Roland si no le da su
droga o Detta tratando de matarlos a los dos o haciéndoles un montón
de putadas para ralentizar su viaje. La primera vez que lo leí
(10-15 años) no entendí muy bien el final ese de Odetta/Detta, pero
la segunda vez ya me quedó más claro, mi imaginación había
crecido, y ahora fue igual, lo entendí fácilmente.
La mayor parte del
libro transcurre en nuestro mundo y me encantó ver a Roland
interactuando con él, su dificultad con algunas expresiones (popkin
de tul, gratidas vos y astina) y lo de la Mortciclopedia, que me
pareció muy divertido.
Sobra decir que el
libro es genial. Normalmente trato de leer unas 100 páginas al día,
pero con LTOII se me pasaron volando y acabé leyéndome 150 como
quien no quiere la cosa. Si por mí fuera me pondría ya con el
tercero, pero tengo que tener paciencia y respetar los tiempos.
¿Condenación?
¿Salvación?
La Torre
¡Ahí cantaré todos
sus nombres!
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